domingo, 19 de febrero de 2017

La dinastía de las cuatro emperatrices


A veces unas palabras grabadas sobre una piedra pueden conducirnos hasta una historia fascinante. Este es el caso de una inscripción que se halla en el Museo Arqueológico Municipal de Cartagena. La inscripción, cuya imagen y transcripción se puede ver más abajo, dice lo siguiente: "El Conventus Carthaginensis a Julia Avita Mamea Augusta, madre de nuestro Santísimo Señor Emperador Severo Alejandro, Pío, Afortunado, Augusto, así como de los campamentos, y del Senado, de la Patria y de todo el género humano". Ahí es nada, madre del género humano, y de los campamentos, como una Atenea guerrera. ¿Quién fue esta ilustre señora a la que se dedican tan excesivos títulos, títulos raramente dedicados a personajes femeninos? Julia Avita Mamea es la última de una serie de cuatro extraordinarias mujeres, madres, hijas y hermanas de emperatrices que fueron capaces, entre los últimos años del siglo II y los primeros del III de nuestra era, de perpetuar durante 41 años una dinastía de emperatrices sirias en el corazón de Roma.

Pero comencemos por el principio: el 31 de diciembre del año 192 Cómodo, el último emperador de la dinastía Antonina, es asesinado por una conjura palaciega. El poder es ofrecido a un hombre de gran experiencia, Pértinax, pero sólo consigue retenerlo tres meses antes de ser asesinado a su vez, lo mismo le sucede a su sucesor, un tal Didio Juliano. En junio de 193 entra en Roma, al mando del ejército de Panonia, un nuevo emperador, Lucio Septimio Severo. Este todavía tendrá que quitarse de en medio a otros dos competidores, pero sabrá conservar a largo plazo el apoyo de su ejército y del senado romano y podrá morir en su lecho en 211 después de un reinado de 18 años, un verdadero récord en aquella época turbulenta.

Septimio Severo es el iniciador de una nueva dinastía, la de los Severos, que permanecerá 41 años al frente del Imperio Romano. Cuando aún no era más que un legado de la legio III Scythica, acantonada en Siria, conoció a una joven hija de un dinasta local, el rey-sacerdote de Emesa, hoy Homs. Esta joven, Julia Domna, será su segunda mujer y la madre de sus hijos varones y sucesores al trono, así como la iniciadora, ella a su vez, de su propia dinastía femenina.



Tondo de Djemila. Septimio Severo y Julia Domna con sus hijos Caracalla y Geta (borrado), ca. 199.
Staatliche Museum zu Berlin.





Julia Domna se casa con Septimio Severo en Lugdunum el año 187, cuando probablemente tiene apenas 15 años. Al año siguiente nace su hijo Lucius Septimius Basianus, el futuro Caracalla, y al otro su segundo hijo, Publius Septimius Geta. Julia Domna durante estos años irá escalando con su esposo en sus sucesivos destinos hasta que en 193 se convierte en emperatriz de Roma. Los primeros años, aún inestables sigue al emperador en sus campañas, lo que le vale el título de "Mater castrorum". La nueva consorte imperial debió jugar un relevante papel político, como muestra otro de los títulos que se le conceden en estos años "Mater senatus et patriae". A partir de la batalla de Lugdunum Septimio queda como emperador único y nombra a su primo Fulvio Plautiano prefecto de la guardia pretoriana, es decir, su número dos. Este ambiciosísimo hombre pronto hará por desembarazarse de la influencia política de Julia Domna. La acusa de adulterio ante el emperador y éste la aparta completamente de la vida pública.

Durante los años que van desde 197 hasta 205, cuando Plautiano cae en desgracia por conspirar contra el trono y Julia es rehabilitada, la emperatriz va a cultivar un círculo de intelectuales muy interesante. Devota de Apolonio de Tyana, encarga a Filóstrato escribir su biografía, junto al filósofo hay otras figuras como el médico Galeno, el jurisconsulto Ulpiano, los historiadores, Dión Casio o Diógenes Laercio, incluso poetas como Opiano, durante su obligado retiro se la ve siempre en compañía de intelectuales y adquiere la fama de mujer docta, una fama que en su época era rara y no demasiado bien vista.

En 211 muere su esposo dejando a dos jóvenes de 24 y 23 años, Caracalla y Geta, que se odian mutuamente. Pese a los intentos mediadores de la madre, la lucha por el poder, o los celos entre hermanos, hacen que Caracalla asesine a Geta casi en los brazos de su madre, de hecho es herida en el incidente. No se le permitirá hacer duelo por el hijo, ya que es declarado hostis publicus. Con todo su dolor ayuda sin embargo a su otro hijo y mientra él se encarga del mandar ejército, ella supervisará las tareas administrativas. Caracalla emprende un expedición contra el imperio persa, pero es asesinado por el prefecto de su guardia pretoriana, Macrino. Su madre se entera de la noticia en Antioquía. Inmediatamente sabe lo que debe hacer: Como corresponde a una matrona romana de su alcurnia se quitará la vida.


           Julia Domna, busto. Gliptoteca de Múnich



Julia Maesa es la hermana mayor de Julia Domna. Su padre la casa con el noble sirio Julio Avito, de rango ecuestre, que luego accedió al rango consular y fue gobernador de varias provincias del imperio en Oriente. Cuando Septimio Severo es proclamado emperador, Julia Maesa acude a Roma junto a su hermana. Serán unos años de ascenso y prosperidad como familia de la emperatriz. Julia tendrá dos hijas, Julia Soemias y Julia Mamea. 

Tras la muerte de su sobrino Caracalla y de su hermana, la familia vuelve a Emesa. Desde allí la matriarca de la familia consigue restaurar la dinastía en la persona de su nieto Heliogábalo, hijo de su hija mayor. Aprovechando que el ejército imperial está acantonado en Siria de vuelta de la campaña contra los persas, difunde entre los soldados el rumor de que el joven Heliogábalo es hijo natural del difunto, y muy querido por los soldados, Caracalla. El parecido familiar ayuda, pero unos cuantos sobornos bien distribuidos y unas muchas promesas también. El caso es que consigue reunir un ejército y cuando el asesino de Caracalla, Macrino, quiere reaccionar es demasiado tarde, sus tropas lo traicionan, pierde la batalla contra los partidarios de Heliogábalo y muere.

La jefa del clan sirio está de nuevo en Roma en el papel de reina madre, todo parece ir bien, se congracia al senado, hace donativos a los soldados, pero hay un punto que no ha podido controlar: el emperador Heliogábalo es demasiado excéntrico para los estándares romanos, sus vestimentas afeminadas, sus ritos extraños, sus sexualidad ambigua y su absoluta falta de dismulo o discreción pronto van a generar un creciente malestar entre los ciudadanos, y lo que es más peligroso, entre los soldados, y la cosa está a punto de irse al traste. La abuela consigue in extremis hacer un arreglo que de momento parece contentar a todo el mundo, el emperador adoptará a su primo Alejandro, un joven con virtudes acreditadas y más discreto, como César. Sin embargo este acuerdo no satisface a Heliogábalo, quien intenta quitarse de en medio a su primo. Mal intento, pues esto provocará una escalada de protestas de los soldados, en el curso de la cual asesinarán al emperador y a su madre.

La abuela del clan todavía alcanzará a controlar la sucesión a favor de su segundo nieto y tras un largo período de suave y buen gobierno morirá en torno al año 226, siendo deificada, como Julia Domna, y enterrada en un panteón imperial.


Julia Maesa, moneda de oro.                                              Busto de Julia Maesa, Museo degli Ufficci



Julia Soemias es la miembro del clan de la que menos sabemos, apenas que su familia la casó con un noble sirio, Sexto Vario Marcelo, y que, cuando su hijo fue elevado al imperio por los soldados, gobernó durante su minoría de edad, aunque no estamos seguros de si la que gobernaba era ella o la abuela Julia Maesa. Quedan pocos retratos fiables de ella y, de no ser por las monedas, apenas conoceríamos su aspecto. Lo que está más documentado es su trágica muerte: cuando los soldados buscaban a Heliogábalo para matarlo lo encontraron, como un niño, muerto de miedo, abrazado a su madre, los degollaron así tal cual a ambos, luego desnudaron sus cuerpos, los arrastraron por las calles de Roma y los arrojaron al Tíber.


Julia Soemias, moneda.    Princesa D. Severa, prob. Julia Soemias. Museo Pío Clementino. ca. 210-230



Julia Mamea, hermana de la anterior y madre de Alejandro Severo fue en cambio más parecida a la abuela Maesa. Como el emperador era apenas un chiquillo de 14 años cuando llegó al trono, su madre ejerció la regencia hasta su mayoría de edad. Parece haber sido una madre sobreprotectora que continuó gobernando incluso cuando su hijo ya había alcanzado la mayoría de edad, ya que éste nunca se atrevió a contradecirla. Su regencia comenzó con buenos auspicios y moderación, aconsejada por el famoso jurista Ulpiano al que nombró prefecto del pretorio, los primeros años del reinado son aclamados por los historiadores como un período de buen gobierno, si bien coinciden en acusarla en sus últimos años de avariciosa. El emperador, en su función de defensor del imperio, tuvo alguna campaña militar exitosa en Oriente, tras lo que marchó a Germania, donde perdió el control de las tropas descontentas, partidarias de una política más agresiva contra los germanos, y murió en el curso de un motín junto con su madre en la tienda de campaña.

 
Julia Mamea Augusta, moneda de oro.                                    Julia Mamea, busto. Musée du Louvre.
                                                                              




Como corolario cabe decir que la llamada dinastía de los Severos, o más bien, según mi opinión, la dinastía de las mujeres sirias, fue el último período de relativa normalidad y gobierno civil, o civilizado, en el Imperio Romano. A partir de entonces, desde 235 hasta 285 se extiende el período que se ha dado en llamar la Anarquía Militar, una época en la que se sucedieron no menos de 19 emperadores y otros tantos usurpadores, sólo uno de los cuales tuvo la suerte de morir de muerte natural y no ser asesinado. La crisis económica, política, social y cultural que siguió a estos hechos cambió la faz del imperio, dando paso a una nueva era, pero eso es ya otra historia.



Inscripción dedicatoria en un pedestal que se supone pudo soportar una estatua de Julia Mamea. 
Ca. 222-235. Museo Arqueológico Municipal de Cartagena, España.




Sobre la interesantísima figura de Julia Domna, la iniciadora de esta singular dinastía, les recomiendo encarecidamente la lectura de esta entrada del Blog ARRAONA ROMANA:
https://arraonaromana.blogspot.com.es/2016/09/julia-domna-una-dinastia-siria-en-la.html



martes, 14 de febrero de 2017

Al que tenga en sus manos mi calavera


Bien pelada por ávidos gusanos,
nítida, calva, sonriente, huera,
tibia de sol tendrás mi calavera
bajo el cielo de abril, sobre tus manos.

En ella buscarás ecos lejanos
como si un caracol marino fuera,
pues te llegó rodando a su manera
del tiempo en los ignotos oceanos.

Tú le preguntarás, dime ¿qué sabes
del tiempo en que tu risa florecía
y el dulce amor sobre tus ojos era?

Y respondiendo a tus preguntas graves
amarga y voluptuosa de ironía
reirá bajo el sol mi calavera.


                                          Bilbao, 1917
                         Rafael Sánchez Mazas (1894-1966)




Hugo Simberg. El jardín de la Muerte, 1896.


 

viernes, 10 de febrero de 2017

Luces del extremo Norte III. Camille Seaman

No puedo acabar mi periplo por el extremo Norte sin mostrar las bellísimas fotografías de Camille Seaman (1969). Sus series The Last Iceberg son un himno, una apasionada declaración de amor a una Naturaleza amenazada. Los Icebergs, como las grandes ballenas, son hoy una especie en peligro de extinción, quién sabe, quizás Seaman al fotografiar estos grandes Leviatanes helados esté intentando preservar para la posteridad al menos su imagen, para poder algún día decirles a nuestros nietos: Así eran de bellos. Para que los venideros, que acaso no lleguen ya a ver estas gigantescas moles surcando los mares, puedan al menos recordarlos al mirar sus fotografías. 

Ojalá que no sea así, ojalá lleguemos a tiempo, pero hay indudablemente algo de despedida en estas fotos, antes decía un himno, más bien un canto del cisne. El calentamiento global disminuye cada año la capa de hielo, tanto en la Antártida como en Groenlandia, la banquisa de hielo mengua cada año; es un hecho: según datos de la Agencia Espacial Europea el sur de la península antártica pierde 60 Km3 de hielo al año desde 2009 por el calentamiento de los océanos. En este contexto la obra de Camille Seaman, además de su extraodinaria belleza como obra artística, adquiere un valor de testimonio, de denuncia que nos conmina a actuar. 

A veces, cuando se habla de las catastróficas consecuencias del cambio climático, se suele incidir, como es lógico, en las letales consecuencias que tendrá para la especie humana, otros, los animalistas, denuncian que estamos viviendo la era de la Gran Extinción, miles de especies desaparecen cada día y nos quedamos cada vez más solos en el planeta. 

Sin embargo Seaman ha sabido llegar aún más lejos, ha sabido percibir que hay además otras cosas, como los Icebergs, que también merecen perdurar y que no deben desaparecer. Estaríamos tentados de decir ¿qué es un trozo de hielo frente a la posible desaparición de los seres humanos? Todo cuenta en la Creación de Dios y nada debería poder arrogarse ser más valioso que nada, desde el microorganismo hasta el ser humano, desde los volcanes hasta los Icebergs, todo contribuye en la economía de Gaia, nuestro amado planeta viviente.






 Stranded Iceberg I (Horizontal). Cape Bird, Antarctica, December 25, 2006.





 Stranded Icebergs Detail II. Cape Bird, Antarctica, December 25, 2006.





 Iceberg in the Evening, Greenland, 2012.





 Falling Down Iceberg. Antarctica, December 3, 2007.





 Breaching Iceberg. Greenland, August 8, 2008.





 Iceberg with Seal Blood. Qassiarsuq, West Greenland, September 2009.





 The Cloud Makers (Detail) I. Antarctic Sound, Antarctica, February 2010.





 The Shape of Things to Come II. Antarctic Sound, Antarctica, February 2010.





 The Shape of Things to Come. Antarctic Sound, Antarctica, February 2010.





 There is a Crack in Evereything. Antarctic Sound, Antarctica, February 2010.





 Grand Pinnacle Iceberg. East Geenland. September 2006.





 Sun Dimpled Iceberg in Errera Channel, Antarctic Peninsula, December 2007.





 Giant Non-Tabular (Wedge) Iceberg, Weddel Sea, Antarctica, December 2005.





 Death is Not the End. Antarctic Peninsula, December 2008.





 Lost at Sea. West Geenland, August 2009.





 Rouded Bergy Beat. Antarctic Peninsula, February 2010.





 Tabular Iceberg Detail. Antarctic Sound, Antarctica, February 2010.





 Floating Icebergs in Drift Ice II, Ross Sea, Antarctica, December 2007.





 Bottoms Up. Qassiarsuq, Greenland, September 2009.





Iceberg at Sunset. West Greenland, August 2009.


Para conocer mejor la obra de esta extraordinaria fotógrafa americana, nada mejor que su propia página web donde están los portfolios de todas sus series:
Camille Seaman Portfolios

También es muy recomendable este vínculo a una página muy completa sobre la obra de esta artista:
http://www.soulcatcherstudio.com/artists/seaman.html