miércoles, 22 de marzo de 2017

La "Scuola romana", un arte a contracorriente

El año 1927 una joven pareja de pintores, Mario Mafai y su compañera Antonietta Raphäel, alquilan un ático en el Nº 325 de la Via Cavour, un precioso lugar con una enorme terraza y vistas a todo el centro de Roma. Allí pronto se va a ir configurando, en torno a la feliz pareja, un núcleo de artistas que vendrán con el tiempo a llamarse la Escuela de Roma, o también la Escuela de Vía Cavour. Como no hay dos sin tres, el tercer padre fundador de la cosa será un joven terremoto al que todos llaman Scipione (Escipión), de nombre civil Gino Bonichi. 

Entre las pretensiones de los fundadores no estaba, ni mucho menos, la de instituir algo tan serio como una escuela, más bien se trata de un grupo de amigos y colegas que comparten afinidades temperamentales y artísticas, la principal de ellas una tenaz y firme resistencia contra el arte oficial, tanto los movimientos artísticos predominantes en la Europa de entreguerras, como especialmente el arte patrocinado por el estado fascista. Así frente al movimiento llamado la Vuelta al Orden, cuyo nombre ya lo dice casi todo, frente al arte "del régimen" preconizado desde revistas como Valores Plásticos o a movimientos como Novecento, la escuela de Roma se mantiene en la práctica de un arte de fuerte influencia expresionista, pero de un expresionismo que no sólo bebe sus fuentes en lo inmediato de la pintura alemana de los decenios precedentes, sino también en las raíces barrocas de la pintura italiana, o española (piénsese en los paisajes urbanos del Greco). 

Así, frente a un arte que vuelve en los años 20-30 a un cierto amaneramiento neoclasicista, a un retorno al "pintar bien", ellos siguen pintando mal de un modo deliberado y liberador, pretenden pintar, no una Roma de postal y monumento, sino la entrañable Roma que tanto gustara a Fellini o a Passolini, la de las callejas y placitas, la de barriada, la de las fachadas de colores. Denuncian las demoliciones que el estado fascista promueve a mayor gloria del la Antigüedad. Antes de que, tras las II Guerra Mundial el informalismo abstracto lo invadiese todo, este grupo de amigos y afines ya cultivaba una especie de vivificante informalismo figurativo. No hay más que echar una ojeada a la pintura oficial que triunfaba en aquellos años, a su gelidez y su inanidad, para darse cuenta de la magnitud de la obra de resistencia que llevan a cabo estos obstinados. 

Así hasta 1945, poco a poco, modestamente, en torno a este núcleo fundacional van gravitando toda una constelación de escritores e intelectuales, así como de otros pintores, cada uno con su propio camino, pero compartiendo una actitud similar, entre ellos los casi contemporáneos Ferruccio Ferrazzi, Maugeri, Pirandello o los hermanos Basaldella, también me parece unido por una actitud ética semejante, aunque su estética sea algo divergente, Carlo Levi. La influencia de la escuela de Roma alcanza incluso hasta las generaciones posteriores, como al gran artista de la postguerra italiana, Renato Guttuso, también él inspirado por la escuela de Roma, o hasta Alberto Ziveri

Hoy, que por desgracia Roma lleva trazas de convertirse en otro parque temático arrollado por el Sunami turístico, conviene más que nunca recordar a este grupo de obstinados artistas que entre los años 20 y 40 del pasado siglo XX supieron ver, y plasmar en su pintura, otra Roma más viva, más entrañable, más verdadera.






Mario Mafai (1902-1965).Tramonto sul Tevere, 1929.




 Mario Mafai (1902-1965). Foros imperiales




 Mario Mafai (1902-1965). Demoliciones, 1936




 Mario Mafai (1902-1965). Demolición del Augusteo, 1936.




 Mario Mafai (1902-1965). Casas del Foro Trajano, 1930.




 Mario Mafai (1902-1965). Roma desde el Janículo, 1937.




 Mario Mafai (1902-1965). Foro boario, Santa Maria in Cosmedin




Antonietta Raphäel (1895-1975).Vista del Coliseo, 1930.




Scipione (Gino Bonichi) (1904-1933). Puente de Sant' Angelo




 Scipione (Gino Bonichi) (1904-1933). Piazza Navona




 Scipione (Gino Bonichi) (1904-1933). Mercados de Trajano




 Scipione (Gino Bonichi) (1904-1933). Rómulo y Remo




 Ferruccio Ferrazzi (1891-197). Vista hacia San Pedro.




 Concetto Maugeri (1919-1951). Plaza de Santa Maria Sopra Minerva




Fausto Pirandello (1899-1975). Paisaje romano




Fausto Pirandello (1899-1975). Vista de las cúpulas del Santo Spirito, 1932.




 Carlo Levi (1902-1975). Roma y el rayo, 1951.




 Afro Basaldella (1912-1976). Demoliciones, 1939.




Renato Guttuso (1911-1987). Paisaje urbano,1940.



Alberto Ziveri (1908-1990). Vista desde el estudio del pintor en Santa Maria dell'Anima.




miércoles, 15 de marzo de 2017

...que estás en la tierra. Gloria Fuertes

Hace unos días, mirando y remirando en una librería de viejo, me encontré con un libro de Gloria Fuertes (Madrid 1917 - ibid. 1998) y me lo llevé a casa por aquellas cosas, aunque sin especiales expectativas (recordaba de niño a Gloria Fuertes en televisión, en "Un globo, dos globos, tres globos", en aquel momento, lo confieso, no era especialemente devoto de aquella abuelita extraña que recitaba unos ripios, o a mí me lo parecían, tremendos), sin embargo empecé a leer por una página al azar... y ya no pude dejar el libro, tenía un modo de contar las cosas, un tono, que no era frecuente, era una voz diferente, muy interesante, también muy triste. Tristes tiempos hacen poetas tristes, el franquismo, ya saben. Me emocionó su sinceridad, tan difícil sin duda en aquella época; muchas bofetadas se debió llevar aquella valiente mujer que, en vida del Caudillo, se atrevía, mujer, pobre, lesbiana, a decir aquellas cosas. Me emociona el valor de los que lo tienen a tiempo, es decir, que dicen las cosas cuando toca, y no a toro pasado, como los progres de ahora. 

Ahora, también por casualidad, porque soy un despistado, me he enterado de que este año se celebra el centenario de su nacimiento. En buena hora si sirve para sacarla del olvido. Por ello he querido con toda humildad recoger unos pocos poemas de este libro del que les hablaba, titulado "...Que estás en la tierra" editado en el año de mi nacimiento, en 1962, por Seix Barral (¿quién si no?) a cura del impagable José María Castellet (aunque el antólogo, si mi información no es incorrecta, es Jaime Gil de Biedma), y hacer con ellos mi pequeño homenaje a este maravilloso ser humano, a esta enorme escritora.

Junto a Gloria Fuertes se me ha ocurrido colocar obras de pintores de su época (la mayoría), para rendir también un modesto homenaje a todos esos pintores que vivieron y pintaron bajo el franquismo, unos del régimen, muchos otros no, algunos incluso en el exilio, pero que hoy están todos por igual tan olvidados y que sin embargo hicieron lo mejor que pudieron por mantener viva la llama del arte, por poner belleza en tiempos feos. Así, mi homenaje a Pancho Cossío, Benjamín Palencia, Godofredo Ortega, Julia Minguillón, Ángeles Santos, José Moreno Villa, Eduardo Vicente y todos los de aquellos tiempos, así como también a las excelentes, y más contemporáneas, Isabel Quintanilla y Amalia Avia.




Amalia Avia. Tienda de máquinas, 1987.



NOTA BIOGRÁFICA

Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad, 
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada, 
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
a los quince se murió mi madre, se fue cuando más
     falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores,
-no digo nombres-,
gracias a eso, pude sobrellevar mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta,
-pero Dios y el botones saben que no lo soy-.
Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces.




Isabel Quintanilla. Vaso, lápiz sobre papel, 1969.



DESDE ENTONCES NO SÉ LO QUE ME DIGO

Mi madre era de clase media,
mi padre de clase baja, 
yo de clase gratuita, 
ahora soy de clase soñadora.

Una monja me enseñó una pierna
y yo aprendí el Sermón de la Montaña
y se lo recitaba a mis amigos
en las soeces tabernas de Madrid.

Un miliciano me dio un bote de leche
y me pedía a cambio cuatro cosas,
yo me fui con el bote escupiendo
cuatro palabras bajo la metralla.

la guerra la pasé pasando hambre,
la guerra la pasé pasando sal.

Desde entonces no sé lo que me digo, 
si digo poco, quiero decir más.
Me plancho la bufanda y a otra cosa, 
¡me piso la tristeza y a triunfar!




Francisco Gutiérrez Cossío. bodegón Nº 5.



¡HAGO VERSOS, SEÑORES!

Hago versos, señores, hago versos, 
pero no me gusta que me llamen poetisa, 
me gusta el vino como a los albañiles
y tengo una asistenta que habla sola.
Este mundo resulta divertido,
pasan cosas, señores, que no expongo,
se dan casos, aunque nunca se dan casas
a los pobres que no pueden dar traspaso.

Sigue habiendo solteras con su perro, 
sigue habiendo casados con querida,
a los déspotas duros nadie le dice nada,
y leemos que hay muertos y pasamos la hoja,
y nos pisan el cuello y nadie se levanta, 
y nos odia la gente y decimos: ¡la vida!

Esto pasa, señores, y yo debo decirlo.




Ángeles Santos Torroella. Dos hermanos, 1930.



MEDIA MUERTE

El que no lleva encima simpatía,
es que lleva debajo media muerte,
va de muerte caída por la vida,
el que no tiene risa que ponerse
es el peor mendigo de la esquina, 
es el pobre más pobre, más sin suerte,
el que tiene camisa,
y no sonrisa
que ponerse.




Godofredo Ortega Muñoz. La jaula. Colección particular.



PENA DE VIDA

Pena de vida tiene aquel que nace,
por no sé qué delito que habrá hecho,
pena de muerte tiene el que, derecho,
lo mal hecho deshace.

Pena, más pena tiene el que lo sabe
y, acompañado, solo va a morirse;
pena, más pena cuando quiere irse
el que en tu casa cabe.

Y no hay sereno, no, que tenga llave
para abrirte una noche la alegría,
y ni la mano amiga va y te fía
cuando el casero Muerte te desahucia.

Es necesaria mucha, mucha audacia
para ser cosa tuya siendo mía.
Pena de muerte tiene aquel que nace,
y tan sólo el amor pena de vida.




Benjamín Palencia. Naturaleza muerta con sifón, 1920.



¿SUICIDA?

Le hacían mucho daño los conflictos,
las listas de muertos le enfermaban.
Las pequeñas insidias que veía
le lanzaban al pozo del insomnio.
Le estaba grande el mundo,
le sobraba.
Recibía regalos mortales de los compañeros, 
de los amigos recibía palabras venenosas,
risas, que casi no eran.
Le fuimos suicidando poco a poco,
y era buena persona.




José Moreno Villa. Interior con caballo, 1935.



VENTANAS PINTADAS

Vivía en una casa
con dos ventanas de verdad y otras dos pintadas
     en la fachada.
Aquellas ventanas pintadas fueron mi primer dolor.
Palpaba las paredes del pasillo,
intentando encontrar las ventanas por dentro.
Toda mi infancia la pasé con el deseo
de asomarme para ver lo que se veía
desde aquellas ventanas que no existieron.




Julia Minguillón. La escuela de Doloriñas, 1941. Museo Provincial de Lugo.



EL DOLOR ENVEJECE MÁS QUE EL TIEMPO

El dolor envejece más que el tiempo,
ese dolor dolor que no se acaba,
y que te duele todo todo todo
sin dolerte en el cuerpo nada nada.

A tantos días de dolor se muere uno,
ni la vida se va,
ni el corazón se para,
es el dolor acumulado el que
cuando no le soportas,
él te aplasta.

Mi accidente será un buen epitafio:

Cuando una calle bajo el sol cruzaba,
de dolor -o de amor- es lo mismo,
murió desbaratada.




Eduardo Vicente. El puente de Segovia, 1945.





lunes, 6 de marzo de 2017

Las tres edades

En el camino de Tebas la Esfinge sale al paso de Edipo y le plantea el siguiente enigma: “Existe sobre la tierra un ser bípedo y cuadrúpedo, que tiene solo una voz, y es también trípode. Es el único que cambia su aspecto de cuantos seres se mueven por tierra, aire o mar. Pero, cuando anda apoyado en más pies, la movilidad de sus miembros es más débil”. Edipo no duda: es el hombre. El ser que camina a cuatro patas cuando es niño, con dos pies de adulto y que se apoya en un tercer pie, el báculo, cuando es anciano, ese ser de una sola voz pero de múltiple aspecto no es otro que el ser humano.

El niño, el adulto, el anciano; las tres edades de la vida, tres seres diferentes en uno en el devenir del tiempo, ¿soy yo acaso como adulto el mismo que fui de joven? sin duda no somos la misma persona, aún cuando compartamos el mismo envoltorio, ¿y quién será el anciano que viva en este cuerpo mío de ahora? será interesante llegar a conocerlo, espero.

Tiziano comparte con sus contemporáneos renacentistas el gusto por las alegorías eruditas, su arte es un arte docto destinado a un público entendido. De este modo, a propósito de las tres edades del hombre, ha construido una imagen compleja, con varias capas de significado superpuestas, y ha usado el topos de las tres edades para convertirlo en una alegoría de la prudencia. El texto escrito en latín sobre la imagen ya nos pone sobre aviso: 

EX PRAETERITO / PRAESENS PRVDENTER AGIT / NI FVTVRA[M] ACTIONE[M] DETVRPET

Lo que traducido vendría a ser: "A partir del pasado, el presente obra con prudencia para no arruinar la acción futura". En eso es en lo que consiste la prudencia, en una cierta capacidad de prever lo futuro a partir de las enseñanzas extraídas del pasado, para de este modo evitar los errores que podrían llevarnos a la ruina o al desastre. La prudencia siempre ha sido una de las virtudes más estimadas por los filósofos clásicos, acaso la que más, de tal manera que figura entre las cuatro virtudes cardinales, también llamadas virtudes socráticas: justicia, prudencia, fortaleza y templanza.

En el cuadro, a los tres rostros de hombre, joven, maduro y viejo, que protagonizan el cuadro, Tiziano asocia tres efigies de animales, una cabeza de perro corresponde al joven, otra de león al hombre maduro y finalmente un lobo es el avatar destinado al anciano ¿qué significan estas imágenes y porqué esta asociación? ¿qué tienen que ver con la prudencia, el tema del cuadro?

El autor latino Macrobio (siglo V D. C.) cuenta en sus "Saturnales" que en el templo de Serapis en Alejandría, junto a la imagen de culto del dios, había una curiosa imagen de un cuadrúpedo con tres cabezas que estaba rodeado por una serpiente; estas cabezas eran de perro, de león y de lobo. Macrobio nos ofrece su interpretación de este extraña especie de Cancerbero: sería una representación alegórica de Apolo-Helios en su decurso, es decir, una imagen del Tiempo mismo; así, según Macrobio, el león representa "el presente, cuya situación entre el pasado y el futuro es fuerte y ferviente, la cabeza de lobo representa el pasado, pues la memoria de las cosas que pertenecen al pasado es devorada y sus restos abandonados; la imagen del perro, que intenta agradar, representa el futuro, cuya esperanza pinta siempre un cuadro agradable”.

El hombre, ser-en-el-tiempo, y los animales emblemas heráldicos de la eterna mutación. En este contexto la prudencia, entendida como un arte de navegar por las procelosas aguas del tiempo, sería el hilo conductor de la vida, el verdadero hilo de Ariadna para caminar con buen pie por el laberíntico viaje de la vida, ese viaje que se inicia a cuatro patas, se continúa con dos y acaba apoyándose en tres poco antes del fin de trayecto.




Tiziano Vecellio. Alegoría de la prudencia, ca. 1565-70. National Gallery, Londres.